El comienzo del liderazgo, segunda parte

Liderando en la oscuridad de la distancia, es algo que realmente puede darnos algún temor. Hacernos visibles con la luz de nuestra humanidad es lo que nos forja como líderes.





El primer paso


Estas en recursos humanos para una entrevista en profundidad donde te están evaluando como potencial líder. Y por supuesto, hiciste tus análisis, analizaste los pros y contras y demás, y estas empujado por tu propia motivación a crecer como líder, como individuo, en la empresa y en tu carrera profesional.


Hasta que llegas a esa pregunta que sabes que van a hacerte, que practicaste en el espejo muchas veces y lo sabes de memoria: “¿Y por qué tenemos que elegirte a ti y no a otra persona?”


Y como ya lo practicaste tanto que te sale naturalmente, respondes: “Porque sé que tengo los cimientos para ser el líder que necesitan, y tengo confianza en mi capacidad de gestionar equipos de trabajo. Además, se que si me dan la oportunidad, voy a aprender muchísimo con esta experiencia y se los voy a agradecer también un montón.”


Es en este momento cuando muestras otra de las grandes bases que posee un líder actual: la humildad de reconocer que SI puede hacer y que NO sabe hacer.


Es por ello que luego de la entrevista pasan unos días y tu líder, como mucha alegría - y también un dejo de añoranza - te dice “felicitaciones! has logrado ese rol”.


El choque con la realidad


Mucho imaginabas ese primer día como líder, al mejor estilo películas, en el cual alguien comienza a aplaudir lentamente y acelera el ritmo; hasta que todo el centro de contactos te aplaude como a un héroe.


Bueno, nada de eso sucede. De hecho, no solamente que no sucede sino que como algo extraño, las personas con las que habitualmente te sentabas a almorzar o tomar un café, de pronto no te avisan que tienen un lugar disponible.


Y con alguna confianza, un ex-compañero - ahora miembro del equipo que lideras - te dice “ajam, es así. ya no eres más de los nuestros, ahora eres parte de los otros”.


Dependiendo de quien lo diga, puedes tener dos reacciones:

la habitual: “¿de que nuestros y otros me están hablando? ¡Sigo siendo yo; con quien almorzaste la semana pasada!” o

la más reaccionaria: “si es lo que piensan, ¡allá tú!”. También caben muchas otras, pero resumi solo dos: el no ver lo que sucede a nivel equipo de tareas, y el pensar negativamente.


Y en principio, ninguna de las dos es errada; por el contrario. No somos nuestras circunstancias, sino lo que hacemos con ellas.


En cualquiera de los dos casos, sientes la necesidad de contárselo a alguien, de alejarte del problema, quizás hasta de volver el tiempo atrás y decir “prefiero quedarme donde estoy que estoy bien, ¡quién me manda a hacer estas cosas!”. Y son sentimientos sumamente humanos, y humanos somos.


Te alejas un momento, sales del lugar por un minuto y piensas detenidamente en tu reacción a los comentarios: como líder sabes que puedes moldear tus respuestas a lo que necesites que suceda, no es obligatorio responder lo primero que se te cruza por la cabeza ni ser simplemente una emoción reaccionando y nada más.





Quien soy, lo que los otros ven de mi.

En ese momento tan crucial, es que empiezas a marcar una gran diferencia entre quien eres y lo que las otras personas ven de ti. Y es un tema muy importante como para dejarlo pasar por alto.


Tu te conoces, sabes cuáles son tus valores morales, sabes que si haces y que no haces. También sabes cuales son tus puntos fuertes y tus puntos débiles. Y lo más importante de todo: cuando accionas bien lo disfrutas, cuando reaccionas mal lo reconoces.


El camino del liderazgo que estás empezando a transitar está lleno de este tipo de decisiones: si haces lo que consideras correcto, seguramente algún amigo dejará de serlo. Si haces lo que a los otros les parece adecuado, es posible que traiciones tus propias ideas.


Esta disyuntiva te va a acompañar durante toda tu carrera laboral, y mucho más allá también. Y depende de que decidas, es el nombre y fama que te vas a forjar a ti mismo.


Ten presente algo: antes o después, todo se sabe. Si crees que puedes esconder algo, pues…. no. Si crees que alguien no se enterara de lo que dices y haces, ten presente que no es así. El mundo es chico, y las noticias giran a la velocidad de la luz. ¿Es por internet? No, para nada, es porque tu reputación te precede. Y nadie mejor que tu para forjar tu propia reputación con los valores que consideras adecuados.





Si hace falta y No hace falta


No hace falta ser un mártir ni convertirse en uno. Si hace falta actuar con inteligencia. Y también hace falta algo que sabes que necesitas hacer: pensar en el largo plazo.


Hablar con honestidad no es decir sin filtros lo que se te ocurre: es saber como decir el mensaje que quieres transmitir. Y que el mensaje sea duro no significa que puedes o tienes el derecho de lastimar o maltratar a quien tienes que decirlo.


Es por esto mismo que cuando regresas del minuto que te tomaste, respondes algo del estilo: “Mira, yo sigo siendo la misma persona que la semana pasada. Solamente cumplo un rol distinto. Y cuando gustes, charlamos de lo que consideres oportuno”.


O alguna otra frase con tus propias palabras que te permitan expresar lo que sabes que es correcto - que tienes otro lugar en la organización y debes actuar en consecuencia - y también que eres tu - con tus valores, tus errores y tus aciertos.


#elcaminodelliderazgo #lider #puedefallar


Espero les haya gustado esta segunda parte de la historia, del comienzo de un líder.


Los espero en la próxima edición. Y espero que puedan aplicar estos conceptos hoy mismo.


A sus ordenes!


Rodrigo




Encuentren en éste enlace a la presentación que resume los principales valores, conceptos y nociones a los que hago referencia.


https://docs.google.com/presentation/d/1wt4DdaS4ckYHdOOk174OYWz2huhRcaT-t1zXc19MtQU/edit?usp=sharing

Preferís escucharlo? https://anchor.fm/rodrigo-borgia/episodes/El-comienzo-del-liderazgo--segunda-parte-esoa9g

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