El cambio no es una habilidad, es una motivación.

A veces hay frases o situaciones que nos ponen a pensar. Y haber escuchado muy temprano a la mañana a W. Mitchel en un breve video de apenas 2:49 minutos es algo completamente inspirador.

Las organizaciones estás construidas a partir de los sistemas de creencias de las personas. Y las personas desarrollamos éstos sistemas de creencias para darle sentido a nuestra vida. Ya sea un sentido de propósito y grandeza, o de pequeñez e insignificancia.

El temor, los celos y las creencias limitantes tienen un rol preponderante en nuestra vida: definen lo que NO VAMOS A HACER NUNCA. De la misma forma y en el sentido opuesto, el romper con esas barreras que nos auto-imponemos nos vincula con LA GRANDEZA.

Quienes me conocen personalmente, saben que no soy un gurú ni mucho menos. Y que - al menos en Argentina - estamos acostumbrados a administrar pobreza, ya sea material, intelectual, de recursos o financiera. Además, cada 5, 6 o 7 años tenemos una crisis, con lo cual nuestro horizonte de planeamiento de largo plazo es de aproximadamente 2 a 3 semanas.

Ahora, ¿qué pasa si nosotros podemos analizar y entender cuales son nuestras creencias limitantes y a partir de ellas, desarmarlas para crear un nuevo set de creencias extensivas? ¿Y que nuestras herramientas de creencias extensivas nos marquen el camino para lograr la grandeza que buscamos?

Suena monono (lindo), y hasta inspirador para pegarlo en un post-it. El problema es que nuestro sistema de creencias limitantes está tan arraigado en nuestra conciencia que hasta parece imposible.

Es aquí donde entra en juego el principal factor que permite romper esos patrones y redireccionar nuestras acciones: EL CAMBIO.

¿A qué llamamos cambio? Habitualmente, es una palabra bastante vacía, ya que engloba todo aquello que nos gustaría hacer pero por algún motivo nos da miedo: en particular a la falta de certeza del resultado final. Y no es el cambio en sí el que nos paraliza, sino nuestra falta de visión específica del final de ese cambio.

Trabajando con personas y con empresas en situaciones de cambio, veo constantemente que ese cambio que se quiere llevar adelante es imperiosamente necesario: para sobrepasar a la competencia, para refundarse como empresa, para sortear escollos. Y al trabajar en proyectos de gestión del cambio, hay algo que siempre está presente.

El componente indispensable para que esa situación de cambio exista es la motivación del individuo o del grupo a superar el obstáculo que origina la necesidad de cambiar. Y hablo de motivación, no tanto de habilidad: sin ese motor interno que empuja a tomar riesgos, a enfrentarse a lo desconocido y a soñar por algo mejor, esa habilidad de gestionar cambios no permanece en el tiempo. Y como dice el dicho “los viejos hábitos tardan en morir”.

La motivación puede tener miles de definiciones. La que elijo es aquella en la cuál es la motivación la práctica sostenida de una nueva voluntad para alcanzar y sobrepasar una situación de estancamiento o molestia. Y la motivación puede forjarse como un músculo.

El proceso de sostener e incrementar la motivación en el largo plazo, consiste en repetir el ciclo de desafío, esfuerzo, logro y celebración. Dicho bucle consolida nuestra satisfacción de haber logrado un éxito - por más pequeño que sea - y nos pide MÁS.

Como componente adicional, la motivación está directamente vinculada a la generación de nuevos hábitos. Y un hábito puede ser generado y transformado a partir de pequeños pasos que se repitan en el tiempo.

Es por eso que - casi a modo de conclusión - el cambio en sí no es una habilidad. El cambio es una motivación de salir de un lugar de desagrado para - una vez transitado el espinoso camino de la incertidumbre - arribar a un nuevo lugar de confort.

Y qué mejor que un juego para explicarlo! Antes de comenzar una partida, estamos ante la incertidumbre del resultado final. Podemos ganar, empatar o perder. Nuestra habilidad nos permite entender que podemos jugar ese juego. Nuestra motivación es la que nos permite dar el primer paso en ese juego para buscar el éxito.

Tal como el título de éste post, el cambio no es una habilidad per se, es una motivación a superarnos, a lograr una mejor versión de nosotros mismos, una situación de mayor confort y placer ya sea en nuestras vidas personales como profesionales, a construir una mejor organización - más flexible, más fluida, en la cual deseemos trabajar.

Y es por ese mismo concepto de los juegos y mi visión lúdica de una organización (las empresas salimos al mercado a ganar clientes, a ganar confianza, a ganar mercado, a ganar respeto y reputación) que le garantizo que la motivación a ganar es lo que empuja nuestro día a dia. Y esa motivación, yo la obtengo de las reglas de juego. Y celebrar el éxito a medida que voy jugando, es lo que me permite transitar la incertidumbre del partido hacia el podio de ganadores.

Me gusta cerrar con una pregunta abierta que le invito a pensar durante el día:

¿Qué le motiva a ganar todos los días en su trabajo? ¿Qué le motiva a crear constantemente una mejor versión de Usted? ¿Qué le motiva a potenciar a su equipo para lograr lo imposible?

Y si algunas de esas respuestas aún no están claramente definidas, le invito a que juguemos un momento y descubramos la respuesta.

Muchas gracias por su tiempo en leer ésta nota.

Rodrigo BorgiaGamifica