Motivación intrínseca y extrínseca, todo un trabalenguas!

Seguramente Usted, al igual que yo, tiene algunos días que son mejores que otros. 

Y seguramente también, en algún momento le falta ese "algo" o una chispa que le permita pensar con claridad y eficiencia.

Y si a todo ésto le agregamos que existen otros conflictos que nublan un poco nuestra capacidad de decidir, sin dudas que el panorama se torna complejo.

 

Para poder entender mejor qué es lo que hace a la diferencia entre un día más y un gran día, básicamente podemos resumirlo en: qué nos motiva a transformar lo cotidiano en algo extraordinario. Y eso es, sin lugar a dudas, el más potente de los motores: nuestra propia motivación.

 

Ahora bien, podemos definir que existen dos tipos de motivación: la externa - habitualmente vinculada a factores que tiran de nuestra voluntad, e interna - esas cosas que hacen que empujemos. La motivación externa se llama extrínseca; y es el conjunto de cosas, elementos y situaciones que son parte de lo que nos rodea, y que nos anima a dar un paso más. La expectativa de un premio, una comisión por venta (si somos vendedores) o el recibir algún tipo de regalo es un ejemplo sencillo.

Pero también existe otro tipo de motivación, la interna, la que verdaderamente produce cambios en el largo plazo y son cambios más importantes: la motivación intrínseca. Ese deseo de superación que nos empuja a hacer las cosas todos los días un poco mejor, esa necesidad de demostrarnos a nosotros mismos que podemos superar obstáculos, y por supuesto, ese motor que llevamos dentro que hace que - aunque cansados - tomemos un llamado más, escribamos un nuevo email o participemos activamente de una reunión.

 

Y si bien parece que la motivación intrínseca es algo que sólo puede producirse desde el interior de nuestro ser, y por ende prácticamente imposible de reproducir, existen algunos condimentos que podemos agregar a nuestras tareas laborales para que esa motivación intrínseca aparezca en todos nuestros colaboradores.

Ese condimento, si es que podemos resumirlo en sólo uno, es el hábito.

 

Si nos tomamos el hábito de felicitar a un colaborador cuando realiza una tarea en forma extraordinaria, el sólo hecho de la repetición hace que nuestros colaboradores internalicen y esperen ser felicitados por acciones extraordinarias. Y el hábito de premiar el esfuerzo, ya sea con algo material o con un reconocimiento público, hace que quienes nos rodean sepan que ante el esfuerzo, hay recompensa.

 

Y en un lugar como un call & contact center, en el cuál la gran parte del presupuesto operativo es de recursos humanos, tomar el hábito de generar conductas de refuerzo positivo (dar una palmada en la espalda ante un trabajo bien hecho), genera un hábito positivo que luego se transforma en una conducta positiva habitual: de una acción externa comienza a forjarse un motivador intrínseco.

 

Es por éstos que, Usted lector, sabe que al momento de diseñar acciones motivacionales para que su plantel genere mejores resultados, busque éstos refuerzos positivos que en el mediano plazo logran transformarse en motivadores intrínsecos. 

Y una vez que la cultura de su call & contact center internaliza la motivación como algo habitual, sepa disfrutar de la excelencia: agentes comprometidos logran resultados extraordinarios; colaboradores felices logran clientes felices.

 

¿Desea conocer mejor éste proceso de elementos externos que se traducen en motivadores intrínsecos? Coordinemos una charla. Seguramente surgirá algo extraordinario.